
Hola mi nombre es Luis López Loaiza y estuve en la actividad de lectura de cuentos para niños.
En los días que le dedique al servicio hubo un poco de insatisfacción, debido a que muchos niños no estaban acostumbrados a escuchar a las personas quienes les están dedicando tiempo, como si realmente no entendieran que lo que estábamos haciendo era parte de tratar de integrarlos a una nueva manera de usar su imaginación y sus mentes, para dejar la “CAJA PARLANCHINA” unos minutos al día, y dedicarse a imaginar y soñar con mundos fantásticos en donde ellos puedan lograr sus objetivos, aquellos que se formulen a partir de su experiencia y crean en ellos.
Sin embargo hubo días en los que me topaba con pequeños personajes cuyas inquietudes me obligaban a esforzarme por crear un mundo de fantasía momentáneo, para que salgan un momento de la rutina de la escuela y las tareas y en algunos momentos de los problemas familiares que los atormentaban, como por ejemplo, un niño que a sus cinco años apenas y podía construir una oración y todo esto porque sus papas le decían que era torpe y un neófito(uso esta palabra para no escribir las muchas otras que él menciono) para hacer las cosas (hasta donde pude entenderle), porque él era “tonto” como me dijo que sus hermanos mayores le decían, y cuando estuvo escuchando los cuentos como el de “la pelota dorada”, me menciono que él quisiera ser el sapo que valía mucho, quizás yo pude hacer algo más para qué regresara, pero lamentablemente el niño no regreso más.
Otro niño me explico que su mamá le decía que: -LAS MATEMATICAS TE AYUDARAN EN LA VIDA, TODO LO DEMAS ES A PARTIR DE SABER SUMAR Y RESTAR- y que por ello se esforzaba mucho en aprender las tablas más rápido y mejor que sus demás compañeros, porque él quiere que al saber bien los números podrá salvar a los perros de la calle, y su razonamiento fue: -es que, ellos están así, porque no saben ni sumar ni restar- recuerdo su edad, el solo tenía 4 años, hermano menor de tres, de los cuales me comento que sus dos hermanos mayores son tontos porque dejaron la escuela y decidieron unirse a la banda de la cuadra, este es otro caso de un niño que solo asistió 4 veces, y desapareció.
Otro caso es de un niño realmente curioso, siempre estaba ausente (y en cierto momento me recordó a mí cuando estoy ausente de este mundo) y cuando le hablaba él me decía que le gustaría volar, que porque las aves pueden huir de los problemas (y en ese momento me preocupe), le pedí que dibujara en una hoja su mundo actual ó en el mundo que le gustaría vivir. En ese momento sonrío y con una cara inocente me dijo: -¿Donde me gustaría vivir?-, en ese momento incredulo de sus sentimientos deje que se expresara en el papel, y mi sorpresa fue, que no sabía dibujar, y no tanto por no saber, si no, porque le daba miedo echar a perder una hoja limpia. Me senté a su lado y le dije que había material para trabajar y cuando comencé a dibujar en su hoja me dijo: -ya la regué otra vez-, a lo que le conteste: -no, así a veces son las cosas, a veces nos equivocamos, pero no hay que temerle al hecho de equivocarse-. Entonces tomo con sus manos el pincel y me dijo que le ayudara a hacer una montaña muy grande, y la hice, y me dijo: -está muy grande, me da miedo-, Le pregunte: -¿Qué te dama miedo?-, y me contesto: -si viviera ahí, los niños que se burlan de mi podrían tirarme y me dolería caer-.
Queridos lectores, quiero decirles que en ese momento sentí un remordimiento tan grande que no quería desprenderme de él, ¿a caso era otra víctima de maltrato familiar?, queda a su criterio.
Cuando terminamos de dibujar en su hoja de papel una montaña, un papalote, un pájaro grande, el mar, a su papa, a un señor que le decía que no vaya al mar, una tormenta, el sol quitando las nubes, un perro que le ladraba. Realmente quise hablar con su mamá para saber que pasaba, y cuando la conocí, entendí porque el niño era así, lo primero que le dijo fue: -ya vámonos, deja de estar quitándole el tiempo al señor-, al oírla le explique a la señora que no me quitaba el tiempo, y que con gusto lo volvería a ver el lunes siguiente, la señora me miro con un gesto de burla y me dijo: -hay lo veo-, le di su hoja al pequeño y le dije -no tengas miedo, experimenta- y me sonrío y se alejo lentamente mientras veía su hoja de papel que con tanto esfuerzo había realizado, y pude sentir que por primera vez el no tuvo miedo de expresarse, como yo no tuve miedo de defender al niño.
En conclusión, estas son las vivencias de un alumno que decidió emprender un taller que a sabiendas que iba a ser un fracaso porque los niños no están acostumbrados a leer, intento creer en que el mundo podría ser mejor, y aprendí de estos pequeños que aun se puede creer y que hay muchas cosas que cambiar en este mundo, solo necesitamos estar en el lugar indicado, momento indicado y con las ganas suficientes para observar los mínimos detalles, aquellos que hacen la diferencia entre el imaginar y el actuar.
Me despido recordándole a los interesados en hacer su servicio social, que realmente ayuden, que no todo el conocimiento “profesional” es lo que te hace una mejor persona, si no, los conocimientos sociales, las vivencias, y las buenas acciones. Recuerden que si queremos un mundo mejor, tenemos un lugar llamado “mejora tu entorno” para poder poner en práctica aquella humanidad que tanto hemos descuidado, humanidad que le hace falta a nuestro mundo, que aun no es mejor.

Luigi, gracias por tu valiosa aportación, me parece muy reveladora. Se publicó la última actualización de la anecdota. Inédita tal y cómo lo solicitaste. Saludos
ResponderEliminarDicen que la curiosidad mató al gato. ¿Álguno de los niños del video serán los del relato?
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